ING. JOSÉ OLALDE
FUNDADOR DE LA MEDICINA SISTÉMICA
Etiquetar a millones de niños sanos como hiperactivos es un acto criminal. El ‘Déficit de Atención e Hiperactividad’ es la estafa del siglo. Es importante reeducar a nuestros maestros y psicólogos infantiles, ya que lamentablemente han sido el blanco de una de las más viciosas campañas de ‘marketing’ criminal jamás realizadas: la de la enfermedad inventada, el ‘Déficit de Atención eHiperactividad -ADHD’, la estafa del siglo. El terrible consumo de drogas entre las poblaciones infantiles del mundo occidental, lamentablemente, se origina en gran medida
en el colegio, experimentando con la cocaína pediátrica prescrita al compañerito ‘hiperactivo’, o recibiendo la etiqueta de hiperactivo, a través de la evaluación del educador o psicólogo.
No es que no existan enfermedades excepcionales de índole neurológica, con origen
genético, que en algún momento puedan manifestarse como lo que se ha descrito para
ADHD; sin embargo, intentar calificar la excepción como la regla es un acto criminal,
violatorio de los más fundamentales derechos infantiles y juveniles.
Lamentablemente el 99,99% de los niños etiquetados y difamados con esta terrible
‘enfermedad’ mental carecen de la más mínima sintomatología neurológica, pero aún así
son condenados a la hoguera de las drogas infantiles, por la vía de un subjetivo cuestionario psiquiátrico. Este arbitrario mecanismo de la inquisición moderna, macabro, que condena al infierno a los niños del mundo, será detallado en mis próximos escritos sobre este tema.
Se debe enfrentar con firmeza el lobbying de la industria en pro de los psicotrópicos, como las soluciones para los problemas infantiles, pues las situaciones de carácter espiritual sólo pueden ser resueltas mediante ayuda, guía y apoyo espiritual o mental, más no mediante el uso de drogas químicas, inductoras de conductas aberradas y violentas en nuestras poblaciones infantiles.
La razón por la que estas drogas han encontrado resonancia entre los psicólogos
y educadores del mundo, es porque prometen resolver la falta de atención, rebelión, protesta e inquietud de esos jóvenes considerados
como difíciles de controlar, por los educadores o por los padres. ¿Qué cosa podría
ser ‘mejor’ para un padre o educador desesperado e irresponsable, que tener la licencia médica para ‘controlar’ a un niño que nadie sabe manejar, con una pildorita mágica?, ¿Qué podría ‘superar’ un somnífero hipnótico, en un neonato que no ha permitido que sus padres cierren las pestañas en los últimos dos meses?
La razón por la cual el metilfenidato -y sus decenas de empaques comerciales- ha tenido éxito es porque promete una solución a un problema que nadie sabe manejar y que se intenta resolver alterando las vías bioquímicas del cerebro; sin embargo, el manejo de drogas en niños a quienes subjetivamente se les atribuye el ADHD es absolutamente criminal.
Estas ‘soluciones’, en gran medida han logrado asidero, debido a la falta de conocimiento de algunos padres y educadores, pero también debido al facilismo e irresponsabilidad de otros. Esos quienes prefieren las soluciones cómodas, a enfrentar la verdad con responsabilidad y resolución, manejando el ambiente espiritual y mental en donde se desenvuelven sus hijos, vale decir, el colegio
y el campo de batalla que algunos llaman hogar.
martes, 2 de junio de 2009
miércoles, 4 de marzo de 2009
El lucrativo mito de los niños hiperactivos
por Juan Carlos Ruiz Franco, Madrid
El síndrome de hiperactividad está de moda. ¿Quién no tiene en su familia un niño o conoce a alguno diagnosticado como hiperactivo que toma metilfenidato por prescripción médica? A primera vista, el hecho de detectar una enfermedad y de tratarla puede resultar positivo, pero la realidad es más compleja de lo que parece.
El síndrome de hiperactividad o TDAH (Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad) no es una enfermedad. Son enfermedades las dolencias con una base biológica real, con un problema físico objetivamente comprobable, como, por ejemplo, un proceso infeccioso o degenerativo. En cambio, no existe patología orgánica subyacente al TDAH, por lo que su diagnóstico se basa sólo en la observación del comportamiento del niño, de ciertas pautas de conducta consideradas anormales o inapropiadas, como falta de atención, facilidad para distraerse, impulsividad, labilidad emocional, desobediencia y problemas de adaptación social. Por eso se cataloga como síndrome, un conjunto de síntomas que parecen tener cierta identidad, porque aparecen a la vez, pero que pueden tener orígenes distintos.
¿Es culpable la genética?
Como era de esperar, quienes defienden su carácter de enfermedad intentan demostrar el trasfondo fisiológico –sin éxito– y repiten machaconamente que la prevalencia en la población infantil es de un 8%, y que, si bien su origen se desconoce aún, no se debe a problemas ambientales, familiares o sociales, sino que es altamente genético y surge por un mal funcionamiento de neurotransmisores –dopamina y noradrenalina– en la parte frontal del cerebro, la encargada de la función ejecutiva.
Todas estas afirmaciones entran en el terreno de lo hipotético, e incluso el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, la Biblia de los psiquiatras) reconoce que no se han establecido pruebas de laboratorio o evaluaciones neurológicas que resulten diagnósticas. Debido a la ausencia de valoración objetiva, ésta se establece a partir de la conducta del niño, con toda la subjetividad que esto conlleva. Es posible que ciertas características genéticas contribuyan al síndrome en algunos casos, pero eso no significa que sean su causa, sino que se suma cierta predisposición genética (temperamento nervioso, por ejemplo) a un entorno y aprendizaje poco apropiados.
Al no ser el TDAH una enfermedad, ¿cómo justificar la prescripción de fármacos? Si la causa es en su mayor parte de carácter ambiental, la solución también deberá moverse en este ámbito. El metilfedinato, el medicamento que suele recetarse, es un estimulante emparentado con las anfetaminas, que aumenta los niveles de dopamina y noradrenalina y genera notables efectos en todo el organismo. Si los beneficios para los niños diagnosticados con TDAH consisten en que facilita concentrar la atención en las tareas que están realizando, no estamos ante nada nuevo: este tipo de drogas siempre se ha tomado con este fin, como saben mejor que nadie los estudiantes.
A pesar de todo lo dicho, muchos médicos siguen reiterando que el TDAH es una enfermedad infradiagnosticada y los medios contin�an difundiendo tal afirmación. Esta violación de los principios de la buena ciencia –y probablemente de la ética– puede tener su razón de ser en el lucrativo negocio que supone la industria farmacéutica, que ha experimentado un espectacular aumento en las ventas de metilfenidato en los últimos años. Podríamos estar ante otro caso del fenómeno conocido como tráfico de enfermedades (‘disease mongering’), tratado por el médico Antonio Palomar en el número 15 de DIAGONAL (“Cómo nos convierten en pacientes”) y por Miguel Jara –autor del libro Traficantes de Salud– en el número 29 (“Enfermedades inventadas que abren mercados”). El alemán Jörg Bloch ha aportado al tema que nos ocupa la obra Los inventores de enfermedades, en la que cuenta que nunca antes se había mantenido el mito del niño hiperactivo con tanta pasión como en la actualidad, y que las empresas farmacéuticas y algunos neurólogos han trabajado durante décadas para presentarnos a los pequeños inquietos y con dificultades de concentración como personas enfermas que necesitan tratamiento farmacológico. No obstante, la red no se limita a médicos y fabricantes de medicamentos, sino que en algunos países los pedagogos son un sector muy codiciado por este lobby sanitario. De hecho, en EE UU las escuelas reciben una subvención de 400 dólares por cada ‘paciente’ detectado, se supone que para compensar los gastos ocasionados por los escolares especialmente molestos.
El síndrome de hiperactividad está de moda. ¿Quién no tiene en su familia un niño o conoce a alguno diagnosticado como hiperactivo que toma metilfenidato por prescripción médica? A primera vista, el hecho de detectar una enfermedad y de tratarla puede resultar positivo, pero la realidad es más compleja de lo que parece.
El síndrome de hiperactividad o TDAH (Trastorno por Déficit de Atención y/o Hiperactividad) no es una enfermedad. Son enfermedades las dolencias con una base biológica real, con un problema físico objetivamente comprobable, como, por ejemplo, un proceso infeccioso o degenerativo. En cambio, no existe patología orgánica subyacente al TDAH, por lo que su diagnóstico se basa sólo en la observación del comportamiento del niño, de ciertas pautas de conducta consideradas anormales o inapropiadas, como falta de atención, facilidad para distraerse, impulsividad, labilidad emocional, desobediencia y problemas de adaptación social. Por eso se cataloga como síndrome, un conjunto de síntomas que parecen tener cierta identidad, porque aparecen a la vez, pero que pueden tener orígenes distintos.
¿Es culpable la genética?
Como era de esperar, quienes defienden su carácter de enfermedad intentan demostrar el trasfondo fisiológico –sin éxito– y repiten machaconamente que la prevalencia en la población infantil es de un 8%, y que, si bien su origen se desconoce aún, no se debe a problemas ambientales, familiares o sociales, sino que es altamente genético y surge por un mal funcionamiento de neurotransmisores –dopamina y noradrenalina– en la parte frontal del cerebro, la encargada de la función ejecutiva.
Todas estas afirmaciones entran en el terreno de lo hipotético, e incluso el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, la Biblia de los psiquiatras) reconoce que no se han establecido pruebas de laboratorio o evaluaciones neurológicas que resulten diagnósticas. Debido a la ausencia de valoración objetiva, ésta se establece a partir de la conducta del niño, con toda la subjetividad que esto conlleva. Es posible que ciertas características genéticas contribuyan al síndrome en algunos casos, pero eso no significa que sean su causa, sino que se suma cierta predisposición genética (temperamento nervioso, por ejemplo) a un entorno y aprendizaje poco apropiados.
Al no ser el TDAH una enfermedad, ¿cómo justificar la prescripción de fármacos? Si la causa es en su mayor parte de carácter ambiental, la solución también deberá moverse en este ámbito. El metilfedinato, el medicamento que suele recetarse, es un estimulante emparentado con las anfetaminas, que aumenta los niveles de dopamina y noradrenalina y genera notables efectos en todo el organismo. Si los beneficios para los niños diagnosticados con TDAH consisten en que facilita concentrar la atención en las tareas que están realizando, no estamos ante nada nuevo: este tipo de drogas siempre se ha tomado con este fin, como saben mejor que nadie los estudiantes.
A pesar de todo lo dicho, muchos médicos siguen reiterando que el TDAH es una enfermedad infradiagnosticada y los medios contin�an difundiendo tal afirmación. Esta violación de los principios de la buena ciencia –y probablemente de la ética– puede tener su razón de ser en el lucrativo negocio que supone la industria farmacéutica, que ha experimentado un espectacular aumento en las ventas de metilfenidato en los últimos años. Podríamos estar ante otro caso del fenómeno conocido como tráfico de enfermedades (‘disease mongering’), tratado por el médico Antonio Palomar en el número 15 de DIAGONAL (“Cómo nos convierten en pacientes”) y por Miguel Jara –autor del libro Traficantes de Salud– en el número 29 (“Enfermedades inventadas que abren mercados”). El alemán Jörg Bloch ha aportado al tema que nos ocupa la obra Los inventores de enfermedades, en la que cuenta que nunca antes se había mantenido el mito del niño hiperactivo con tanta pasión como en la actualidad, y que las empresas farmacéuticas y algunos neurólogos han trabajado durante décadas para presentarnos a los pequeños inquietos y con dificultades de concentración como personas enfermas que necesitan tratamiento farmacológico. No obstante, la red no se limita a médicos y fabricantes de medicamentos, sino que en algunos países los pedagogos son un sector muy codiciado por este lobby sanitario. De hecho, en EE UU las escuelas reciben una subvención de 400 dólares por cada ‘paciente’ detectado, se supone que para compensar los gastos ocasionados por los escolares especialmente molestos.
miércoles, 25 de febrero de 2009
HealthRevolutionPetition
POR FAVOR, revisen este vídeo y haz tu voz contar, con la exigencia de una VERADERA REFORMA DE SALUD que corrija un modelo médico que se lucra a base de mantener gente enferma y medicada en lugar de promover salud y prevención sensible y real. Ayuda a romper el monopolio de la industria farmacéutica. A esta le conviene mantenernos como clientes de por "vida", consumiendo sus "medicamentos", en lugar de permitir que haya libertad de acudir a alternativas médicas naturales. Alternativas que funcionan pero que como consecuencia de este monopolio y de la traición cometida por la FDA y la Federal Trade Comission, a los ciudadanos que se supone protejan, no son cubiertas por los planes médicos. POR FAVOR, firma la petición y protege a los tuyos y a futuras generaciones.
http://www.healthrevolutionpetition.org/index.html?ID=1560
http://www.healthrevolutionpetition.org/index.html?ID=1560
viernes, 23 de enero de 2009
Eli Lilly CULPABLE
No sé si se enteraron pero Eli Lilly apenas unos días atrás se declaró culpable de conducta criminal, por mercadear Zyprexa para ancianos y niños de manera ilegal. Tienen que pagar 1,4 Billones de dólares. Aunque esa cantidad equivale a una infracción de tránsito, considerando que el producto, desde su lanzamiento ha generado casi 40 billones de dólares. Pero de todas formas es un golpe más que sufre una industria caracterizada por el desprecio a la vida y unas relaciones públicas de filantropía hipócrita.
Recomendaban Zyprexa a diestra y siniestra a viejitos que se pudieron poner "incordios" en los asilos. Así los "tumbas" y claro, dejan de protestar, aunque sus protestas fueran legítimas. Esta droga se aprueba por la FDA para atender enfermedades ficticias en niños, como bipolaridad, un fraude que atenta contra la integridad física y espiritual de niños normales, convertidos en enfermos mentales por decreto del psiquiatra, que inventa la enfermedad mientras la farmacéutica inventa el veneno.
De esto sabe el doctor Bielderman, psiquiatra de Harvard que ha promovido agresivamente el envenenamiento de niños con anti psicóticos que producen farmacéuticas que a su vez le pagan una fortuna a este individuo por consultoría y por ser un excelente “pusher” de este fraudulento diagnóstico, que ha alcanzado a víctimas de 3 añitos de edad. Este está siendo investigado por no reportar más de 1.5 millones de dólares reicibido de la industria farmacéutica, en un abierto conflicto de intereses.
Mucha gente ha sido inducida por Zyprexa a padecer diabetes, conveniente para Eli Lilly, que fabrica Cymbalta, una droga contra la Diabetes y otros tantos productos para la Diabetes.
La farmacéutica manufactura Zyprexa en Puerto Rico. O sea que el fraude de la bipolaridad, la cual, al igual que toda supuesta enfermedad mental, no cuenta con una prueba diagnóstica objetiva, implica a Puerto Rico en la fabricación de un producto con el cual se cometen de los peores maltratos contra niños. Drogas que al ser prescritas llevan a cualquier médico que las receta a violar su Juramento Hipocrático de no hacer daño (en este caso el daño es contra niños indefensos). Muchos niños, que pudieran estar sufriendo los abusos de un entorno que los invalida y los lastima, son hallados “culpables de bipolaridad”, sin que exista una prueba de sangre o alguna prueba científica que lo determine. Ese niño también pudiera estar presentando síntomas de envenenamiento por la presencia de metales pesados transmitidos al cerebro por las vacunas. Puede estar reflejando síntomas de una enfermedad real como diabetes infantil u otras tantas condiciones que, por someter al niño al fraude psiquiátrico, pasarán desatendidas y por tanto, seguramente agravarán la existencia corta de ese niño.
Es en este contexto que Eli Lilly se declara culpable de conducta criminal.
Para conocer un poco las impresiones de un protagonista de la denuncia contra esta siniestra empresa pasen a la siguiente página: http://www.philly.com/inquirer/breaking/business_breaking/20090119_Whistle-blowers_perspective_on_Lilly_case.html
El nuevo modelo de desarrollo económico de Puerto Rico, propuesto y encaminado por el consenso de todos los sectores de Puerto Rico no puede esperar. Pero sus cimientos, para que sea exitoso, tienen que partir de premisas éticas, tienen que propiciar el florecimiento ecónomico y la proseridad de todos. Tienen que estimular el valor del trabajo y el esfuerzo y compensar con dignidad al que produce. No puede darse a base de arruinar la vida de nuestros ancianos y menos de nuestros niños.
Recomendaban Zyprexa a diestra y siniestra a viejitos que se pudieron poner "incordios" en los asilos. Así los "tumbas" y claro, dejan de protestar, aunque sus protestas fueran legítimas. Esta droga se aprueba por la FDA para atender enfermedades ficticias en niños, como bipolaridad, un fraude que atenta contra la integridad física y espiritual de niños normales, convertidos en enfermos mentales por decreto del psiquiatra, que inventa la enfermedad mientras la farmacéutica inventa el veneno.
De esto sabe el doctor Bielderman, psiquiatra de Harvard que ha promovido agresivamente el envenenamiento de niños con anti psicóticos que producen farmacéuticas que a su vez le pagan una fortuna a este individuo por consultoría y por ser un excelente “pusher” de este fraudulento diagnóstico, que ha alcanzado a víctimas de 3 añitos de edad. Este está siendo investigado por no reportar más de 1.5 millones de dólares reicibido de la industria farmacéutica, en un abierto conflicto de intereses.
Mucha gente ha sido inducida por Zyprexa a padecer diabetes, conveniente para Eli Lilly, que fabrica Cymbalta, una droga contra la Diabetes y otros tantos productos para la Diabetes.
La farmacéutica manufactura Zyprexa en Puerto Rico. O sea que el fraude de la bipolaridad, la cual, al igual que toda supuesta enfermedad mental, no cuenta con una prueba diagnóstica objetiva, implica a Puerto Rico en la fabricación de un producto con el cual se cometen de los peores maltratos contra niños. Drogas que al ser prescritas llevan a cualquier médico que las receta a violar su Juramento Hipocrático de no hacer daño (en este caso el daño es contra niños indefensos). Muchos niños, que pudieran estar sufriendo los abusos de un entorno que los invalida y los lastima, son hallados “culpables de bipolaridad”, sin que exista una prueba de sangre o alguna prueba científica que lo determine. Ese niño también pudiera estar presentando síntomas de envenenamiento por la presencia de metales pesados transmitidos al cerebro por las vacunas. Puede estar reflejando síntomas de una enfermedad real como diabetes infantil u otras tantas condiciones que, por someter al niño al fraude psiquiátrico, pasarán desatendidas y por tanto, seguramente agravarán la existencia corta de ese niño.
Es en este contexto que Eli Lilly se declara culpable de conducta criminal.
Para conocer un poco las impresiones de un protagonista de la denuncia contra esta siniestra empresa pasen a la siguiente página: http://www.philly.com/inquirer/breaking/business_breaking/20090119_Whistle-blowers_perspective_on_Lilly_case.html
El nuevo modelo de desarrollo económico de Puerto Rico, propuesto y encaminado por el consenso de todos los sectores de Puerto Rico no puede esperar. Pero sus cimientos, para que sea exitoso, tienen que partir de premisas éticas, tienen que propiciar el florecimiento ecónomico y la proseridad de todos. Tienen que estimular el valor del trabajo y el esfuerzo y compensar con dignidad al que produce. No puede darse a base de arruinar la vida de nuestros ancianos y menos de nuestros niños.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)